Desde mañana, el casi desierto aeropuerto que sirve a Caracas recibirá nuevamente decenas de aviones comerciales de aerolíneas que habían cesado sus operaciones tras tres meses de bloqueo aéreo. Entre febrero y marzo, al menos siete compañías internacionales reanudarán gradualmente sus rutas, en lo que marca el inicio de la recuperación de la conectividad del país. Estados Unidos fue el primero en levantar su veto a principios de febrero, después de meses de crecientes tensiones por la amenaza militar de Donald Trump —que se concretó el 3 de enero con la entrada de más de 150 aviones y helicópteros de combate para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores—. Con esa decisión, Venezuela empieza a reconectarse con el mundo, al menos en el plano aéreo.Para este jueves está prevista la llegada del primer vuelo de la colombiana Avianca tras las suspensiones. También han reabierto oficialmente la venta de boletos TAP Air Portugal, Latam, Turkish Airlines, GOL, Plus Ultra, Air Europa y Wingo. Con excepción de Wingo, las demás compañías recibieron sanciones de las autoridades aeronáuticas venezolanas en noviembre, cuando decidieron cancelar sus vuelos atendiendo a la alerta emitida por la aviación estadounidense ante el incremento de las operaciones militares en la zona. La medida de precaución se estableció para el periodo comprendido entre noviembre y febrero, lapso en el que estaba prevista la intervención militar.Durante ese período de incertidumbre aérea —como lo describieron algunas compañías en sus comunicados— se registraron cruces entre aviones comerciales y aeronaves militares. Centenares de pasajeros quedaron varados, con viajes interrumpidos en plena temporada navideña, y otros tuvieron que hacer trasbordos por tierra a través de Colombia para continuar sus itinerarios o regresar al país. También se reportaron fallas en la navegación. Algunos trayectos se alargaron. Por ejemplo, en vuelos entre Madrid y Bogotá, ante la imposibilidad de atravesar el territorio venezolano, los capitanes anunciaban que debían volar 500 kilómetros adicionales para evitar el espacio aéreo restringido por orden de Trump. Todas esas escenas solo ahora se entienden como el preámbulo de los ataques estadounidenses del 3 de enero.La aerolínea española Iberia, que también recibió la revocatoria de sus permisos de vuelo, ha anunciado que retomará sus operaciones en abril. Hasta noviembre mantenía cinco frecuencias semanales entre Madrid y Caracas, las mismas que Air Europa, mientras que Plus Ultra operaba cuatro, una de ellas entre Tenerife y la capital venezolana.El cierre del espacio aéreo dejó a Venezuela prácticamente aislada, con apenas algunas conexiones internacionales a través de Bogotá, Cartagena y Panamá. Sin embargo, el escenario de reactivación es ahora más prometedor. En el marco de la transición tutelada por Estados Unidos, se ha anunciado la autorización para que aerolíneas estadounidenses vuelen nuevamente al país. Además, otros Estados, como República Dominicana —que habían roto relaciones diplomáticas y comerciales tras la crisis de legitimidad derivada del fraude de 2024—, también han retomado el intercambio en este nuevo marco político impulsado por Trump.“Estamos muy complacidos con el regreso de American Airlines, con un vuelo diario. Miami es nuestro principal mercado”, señala Marisela de Loaiza, presidenta de la Asociación Venezolana de Líneas Aéreas. “Sin conectividad no hay nada. El 90% del tráfico de viajeros hacia Latinoamérica se mueve por avión”. La conexión con Estados Unidos es una de las más intensas. American Airlines llegó a operar hasta siete vuelos diarios desde Caracas hacia distintas ciudades estadounidenses.Las aerolíneas extranjeras, sin embargo, comenzaron a retirarse de Venezuela cuando el control cambiario impuesto durante el Gobierno de Hugo Chávez hizo insostenible su operación, al impedirles repatriar los ingresos generados en el país. En 2019, durante la primera Administración Trump, el panorama terminó de cerrarse con la imposición de sanciones que prohibieron a muchas compañías operar.Siete años después, el contexto es distinto. El plan de inversiones petroleras de la Casa Blanca, que sustenta la intervención militar del 3 de enero, requiere también la apertura de otros sectores previamente sancionados. Esta semana, la Oficina de Control de Activos en el Extranjero emitió la licencia general 30B, que autoriza las transacciones necesarias para la operación y el uso de puertos y aeropuertos en Venezuela, como parte de un andamiaje jurídico que debía adaptarse a esta nueva etapa de relaciones.De Loaiza advierte que aún quedan asuntos pendientes que condicionarán el impacto de esta apertura aérea en sectores como el turismo. Entre ellos, el requisito de visa impuesto por Venezuela a los ciudadanos estadounidenses, que se convierte en un obstáculo no solo para los turistas, sino también para los inversionistas que ha prometido Trump. En paralelo, Estados Unidos ha endurecido las restricciones de entrada para los venezolanos, lo que reducirá el flujo hacia el país norteamericano, donde reside una comunidad de más de 600.000 personas.La directiva también señala como una preocupación central para el sector el diferencial cambiario que mantiene tensionada la economía, debido a las dificultades para transar en distintas monedas. Además, apunta que el aeropuerto internacional de Maiquetía —ubicado a 30 minutos de Caracas y donde están por concluir la reparación de la pista y la renovación de los instrumentos de navegación— es pequeño para las necesidades actuales y para una eventual expansión del tráfico aéreo, especialmente si se compara con los aeropuertos de Bogotá, Lima o Panamá.

Shares: