
El cardenal Blase Cupich (Omaha, Nebraska, 76 años) es una de las voces más destacadas del sector progresista de la Iglesia católica estadounidense en un momento en que el ala ultraconservadora, envalentonada por la Administración de Donald Trump, gana terreno rápidamente en un país fuertemente politizado. Salvo que él no se ve a sí mismo de ese modo, ni tampoco a la Iglesia. “Siempre trato de ser fiel a lo que dice la doctrina de la Iglesia sobre las cuestiones sociales, y esa es mi guía. No quiero jugar al juego de suma cero de quién va a ganar, los conservadores o los progresistas”, afirma. En una entrevista con EL PAÍS, omite mencionar al presidente por su nombre y, en su lugar, advierte sobre las “implicaciones morales” de las políticas del republicano. “Es la doctrina social de la Iglesia la que puede ayudarnos en este momento”, asegura por videollamada.El mes pasado, el arzobispo de Chicago —donde nació el papa León XIV, el primer pontífice estadounidense— se unió a los cardenales Robert McElroy y Joseph Tobin, arzobispos de Washington y de Newark, respectivamente, para firmar una declaración en la que se critica la política exterior de Trump. En ella, los tres máximos responsables de archidiócesis católicas romanas en Estados Unidos citan los casos de Venezuela y Groenlandia, al considerar que las acciones de Washington “han planteado cuestiones básicas sobre el uso de la fuerza militar” y han amenazado los “derechos soberanos de las naciones”. Aunque no entran en detalles, la declaración del 19 de enero se publicó después de que EE UU capturara a Nicolás Maduro y de que Trump presionara para hacerse con el control de Groenlandia.“Nuestro papel moral como país al enfrentar el mal en el mundo, sostener el derecho a la vida y la dignidad humana, y apoyar la libertad religiosa está siendo examinado. Y la construcción de una paz justa y sostenible, tan crucial para el bienestar de la humanidad ahora y en el futuro, se está reduciendo a categorías partidistas que fomentan la polarización y políticas destructivas”, escribieron.Pregunta. ¿Qué los llevó a pronunciarse de manera tan contundente?Respuesta. Viajamos [en enero] a Roma para reunirnos con cardenales de todo el mundo, quienes expresaron su alarma por la forma en que se estaban tomando decisiones, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, que parecían, en muchos sentidos, apartarse del consenso que existe desde la Segunda Guerra Mundial sobre cómo gestionar los conflictos. Al día siguiente del consistorio, el papa León dio su discurso al cuerpo diplomático, y eso nos dio el lenguaje necesario para poder abordar las preocupaciones que teníamos.P. ¿Por qué decidieron no nombrar a nadie en la declaración? No se menciona a Trump.R. Queríamos ofrecer a la gente, a todos los ciudadanos del mundo y especialmente de nuestro país, el lenguaje para abordar estas cuestiones, porque el componente moral de lo que se estaba haciendo parecía ser ignorado, y queríamos subrayar que hay otros asuntos en juego, más allá de simplemente satisfacer el afán de dominio y dominación de un país sobre otro, que parecía imponerse en ese momento e ignorar el Estado de derecho.P. Parte de la declaración dice: “Renunciamos a la guerra como instrumento de intereses nacionales estrechos y proclamamos que la acción militar debe considerarse solo como último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento habitual de la política nacional”. En el caso de Venezuela, muchos venezolanos, en particular los exiliados en EE UU, celebraron la captura de Maduro.R. Lo que ocurre es que, si se dice que el fin justifica los medios, entonces se empieza a abrir un camino sobre cómo las naciones pueden actuar legítimamente en distintas situaciones. Eso debe considerarse con mucho cuidado, porque entonces uno podría decir que hay personas que podrían estar contentas de que Rusia haya invadido Ucrania. No se puede medir con ese criterio. La soberanía de las naciones es importante.Catedral de Chicago, en una imagen de archivo.Nam Y. Huh (AP)P. La mayoría de los católicos estadounidenses votó por Trump en 2024. ¿Tiene la sensación de que están de acuerdo con la forma en que gobierna?R. No tengo estadísticas que me den una idea clara sobre eso, salvo el hecho de que existen encuestas en las que un amplio grupo de estadounidenses que votaron por el presidente Trump cuestionan los medios mediante los cuales está avanzando con su política migratoria. Eso es importante tenerlo en cuenta. Pero en la Iglesia nunca podemos jugar al juego de preguntarnos si algo será popular o no. Tenemos que decir lo que es verdad y tenemos que hablar desde los principios.P. La Administración Trump suele citar versículos bíblicos para promover o justificar sus políticas, incluido su programa de deportaciones masivas.R. Voy a dejar que digan lo que quieran. Eso siempre ha sido así; hay políticos a los que les gusta envolver sus políticas en un lenguaje bíblico. Eso siempre entraña un peligro, simplemente porque un mismo pasaje de las Escrituras puede citarse de distintas maneras. Lo que hay que examinar no es un argumento basado en la Escritura, sino un argumento que nos ayude a comprender cuáles son las implicaciones morales de una política determinada.P. En noviembre, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos emitió un Mensaje Especial sobre inmigración. Fue la primera vez que la conferencia lo hizo en más de 10 años. ¿Por qué era importante que se emitiera ese pronunciamiento?R. En el centro de esa cuestión estaba la falta de respeto a la dignidad humana, y por eso hubo unanimidad por parte de los obispos. Siempre hemos hablado con mucha firmeza sobre ese tema, ya sea el niño en el vientre materno, la persona en el corredor de la muerte o el inmigrante. Por ejemplo, la Conferencia Episcopal también emitió un comunicado cuando hubo un recorte de la ayuda exterior, y nuevamente fue por la vulneración de la dignidad humana.P. Chicago fue una de las ciudades atacadas recientemente por Trump. Miles de agentes federales descendieron sobre la ciudad para llevar a cabo redadas migratorias. Sabemos que estas operaciones han afectado a parroquias en todo el país.R. La gente tiene miedo de salir. Esto siembra el terror en una ciudad en la que no solo los inmigrantes, sino la población en general, siente que está siendo aterrorizada por la forma en que se están llevando a cabo estas redadas. Algunos de nuestros sacerdotes han sido detenidos por estos agentes de inmigración debido al color de su piel y se les ha exigido que muestren su ciudadanía y sus documentos. Esto es realmente inaudito. Ese tipo de tácticas está alimentando la indignación de la gente, no solo por los asesinatos que tuvimos en Minneapolis, sino también por lo que estamos viviendo aquí.El Cardenal Blase Cupich, en abril de 2025.Alexander Gouletas (Arquidiocesis de Chicago)P. En Minneapolis, varios miembros del clero fueron arrestados por protestar contra el ICE (Servicio de Inmigración) y las políticas de Trump. ¿Cuál cree que es el papel de la Iglesia en este momento?R. Ofrecer atención pastoral a las personas marginadas y vulnerables. Tenemos que seguir haciendo de eso una prioridad. También debemos alzar la voz y abogar de manera no violenta. Mi principal preocupación no es criticar a una persona en particular dentro de la administración, sino que la gente necesita involucrarse como ciudadanía para que haya avances. Tenemos que ayudarles a comprender lo que está en juego.P. Usted ha hablado antes del sistema migratorio “roto” de Estados Unidos y de la importancia de atribuirle la responsabilidad al Congreso. ¿Qué cambios le gustaría ver ahora que los legisladores negocian nuevas reformas?R. La gran pregunta es cómo vamos a permitir, de manera ordenada, que la gente entre a este país, pero también cómo darles una visa de trabajo, como se hace en muchas partes de Europa, donde hay una frontera porosa que permite a las personas ir y venir y atender las necesidades de sus familias. Justo esta semana, un juez anuló la orden de la secretaria de Seguridad Nacional, [Kristi] Noem, con respecto al Estatus de Protección Temporal (TPS) de los haitianos. Se trata de personas trabajadoras: por ejemplo, el 20% de quienes trabajan en centros de salud y residencias de ancianos en Florida son haitianos. Necesitamos esa fuerza laboral.P. Usted es cercano al papa León, que nació en Chicago. ¿Cuál es su opinión sobre sus primeros ocho meses como pontífice? Algunos dicen que ha avanzado lentamente.R. Yo diría que arrancó con fuerza desde el primer día. Dejó claro que iba a gobernar de una manera colaborativa. No le teme a tomar decisiones difíciles y elige con mucho cuidado lo que dice. Este año va a demostrar lo que vale y se convertirá en una figura de peso a nivel mundial.P. Cuando fue elegido, muchos creían que sería una voz firme contra Trump. Pero hasta ahora, ha preferido evitar la confrontación directa, algo que Francisco no rehuía. ¿Por qué?R. Es una cuestión de precisión. Quiere usar las palabras de una manera que realmente haga avanzar el debate en la sociedad. Sé que, por ejemplo, hubo personas en el Gobierno a las que les molestó cuando utilizó la palabra “inhumano” para referirse a la forma en que se estaba aplicando la política migratoria aquí. Así que no tiene miedo de llamar a las cosas por su nombre, pero no lo personaliza. Porque, a largo plazo, considera que el tema es más importante que criticar a una persona en particular.
Cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago: “Nuestros sacerdotes han sido detenidos por agentes de inmigración debido al color de su piel”
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