El controvertido fresco de un ángel con la cara de Giorgia Meloni que apareció pintado en una iglesia del centro de Roma la semana pasada, y que se convirtió en motivo de bromas y foco de atracción para visitantes, ya es historia. El propio autor, el sacristán del templo, lo borró la noche del martes con un brochazo de pintura blanca: “Lo he hecho porque me lo ha ordenado el Vaticano”, ha contado Bruno Valentinetti, famoso por unos días por su polémica obra. Aunque él sigue sosteniendo que la cara de la imagen, clavada a la de la primera ministra, no era ella. “A mí no me interesa, sigo diciendo que no era ella, pero la Curia lo ha querido así y lo he borrado”, ha declarado a La Repubblica, el diario que desveló el caso. Valentinetti, que negó ser votante de Meloni pero que, según el diario, había ido en las listas de un partido neofascista en 2008, volverá a pintar ahora el rostro que había originalmente. Este era una obra reciente, del año 2000, en un monumento funerario en recuerdo de Humberto II, el último rey de Italia, que fue instalado en la capilla en 1985 por deseo del párroco de entonces, Pietro Pintus, un apasionado monárquico (intentó una causa de beatificación de Gracia de Mónaco). Con el tiempo, los frescos se habían deteriorado y a la hora de restaurarlos, el sacristán decidió reinventar el rostro de uno de los dos querubines. Aunque también mantenía que se había limitado a reproducir fielmente el que había antes y que el parecido con Meloni era pura casualidad.Valentinetti estaba muy orgulloso de su obra, que firmó y todo con una inscripción en latín: “Instauratum et exornatum. Bruno Valentinetti. AD MMXXV”. Se le veía muy contento de ser el centro de atención y dando entrevistas, pero finalmente ha sido llamado al orden.La figura con el retrato de Meloni ha aparecido en los frescos que decoran un busto y un monumento funerario de Humberto II, el último rey de Italia.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)Desde luego esta aparición sobrenatural de Meloni en una capilla de la basílica barroca de San Lorenzo in Lucina, muy cerca del Parlamento, no había sentado nada bien en la Iglesia católica, pese al ambiente de recochineo general. Estos días ha habido una oleada de memes en redes sociales, en los que la primera ministra aparecía incluso como La Gioconda. La propia Meloni se lo tomó a broma en Instagram, con un emoticono que ríe: “No, desde luego no me parezco a un ángel”, escribió. Filas de curiosos y turistasLa oposición puso el grito en el cielo y tachó lo sucedido de “inaceptable”, al ver en la obra “un culto a la personalidad como no se veía desde los tiempos del fascismo”. También se había movido la Superintendencia de Bienes Artísticos de Roma, dependiente del ministerio de Cultura, para buscar fotografías del fresco original y comprobar que había sido alterado, pues el permiso para la restauración indicaba claramente que debía respetarse la iconografía existente. Entretanto, a la iglesia empezaron a llegar ríos de curiosos y turistas a ver con sus propios ojos el pastiche y a hacerse selfis. Hasta el punto de que al día siguiente de la noticia, el pasado domingo, el párroco tuvo que improvisar una especie de servicio de orden para regular las filas. Por la tarde, la escena era surrealista, porque desfilaban los visitantes entre risotadas mientras se celebraba una misa en tagalo de la comunidad filipina.El malestar en la Iglesia se debe, además, a que el obispo de Roma y último responsable del desaguisado es nada menos que el propio Papa. El párroco del templo, Daniele Micheletti, uno de los primeros en comentar la noticia el pasado 31 de enero, admitió el parecido del retrato con la mandataria, pero le quitó importancia. Sin embargo, a las pocas horas el cardenal Baldo Reina, vicario de Roma, reaccionó severamente, “tomando distancia de las declaraciones de monseñor Micheletti” en un comunicado.Reina manifestó su “amargura por lo ocurrido” y anunció que tomaría medidas de inmediato. “Se reitera con firmeza que las imágenes de arte sacra y de la tradición cristiana no pueden ser objeto de usos impropios o instrumentalizaciones, estando destinadas exclusivamente a sostener la vida litúrgica y la oración personal y comunitaria”, concluyó.

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