
Solo basta scrollear un poco en TikTok o Instagram para terminar en un tutorial de maquillaje o un vídeo sobre los mejores, los peores o los más baratos productos de belleza que puedes comprar. En este panorama —en el que las redes sociales funcionan como un flujo de estímulos donde lo nuevo reemplaza a lo anterior con una velocidad que apenas deja tiempo para usar lo que ya tenías—, el reto Project Pan, que ha aparecido en comunidades digitales de belleza, surge como un gesto para llegar al fondo del envase. Según la psicóloga María Bernardo, esta tendencia que se refuerza cada inicio de año “intenta combatir el excesivo consumismo”, no solo la cantidad, sino “la rapidez con la que cambiamos de una cosa a otra”.El problema, dice esta terapeuta, es que el placer ya no está en usar, disfrutar o integrar un objeto a la vida cotidiana, sino que se ha desplazado hacia el proceso de conseguirlo, mostrarlo y pasar rápidamente al siguiente. “No disfrutamos de tenerlo, lo importante es haberlo conseguido”, sostiene.Más informaciónEl Project Pan, en el que la palabra “pan” hace referencia al fondo de un producto, ha circulado por el internet desde hace varios años, pero se ha mantenido en el tiempo y gana adeptos cada inicio de año. Los meses de enero son aprovechados para iniciar con el trend y mantenerlo a lo largo de 12 meses. En redes sociales, usuarios de diferentes partes del mundo comparten su progreso a través de publicaciones mensuales, vídeos de seguimiento y fotografías del antes y después. Estos contenidos suelen ir acompañados de reflexiones sobre ahorro, sostenibilidad y hábitos de consumo. Para algunas creadoras de contenido, la tendencia es una forma de resistirse a la presión constante de las novedades y lanzamientos de la industria cosmética. Así es para Sarahi de los Santos. Esta influencer mexicana de 28 años cuenta que sus compras no eran solo una elección personal, sino una exigencia del medio. “Estás obligada a comprar muchas cosas para poder generar contenido”, cuenta. A eso se suman los envíos de las marcas, que, según detalla, pueden contener tonos que no coinciden con tu color de piel o que simplemente no te gustan. El resultado fue una acumulación de bases, coloretes, bálsamos labiales y pintalabios. “Cuando me mudé, me di cuenta de que tenía muchísimas cosas que no iba a usar o que jamás iba a poder terminar”, cuenta. Recuerda cómo antes viajaba con una maleta entera dedicada exclusivamente al maquillaje y que su gasto mensual podía alcanzar entre 600 y 800 dólares en maquillaje. Hoy intenta no comprar nada nuevo hasta terminar lo que está abierto. De acuerdo con Bernardo, esta tendencia funciona también como un ejercicio de reaprendizaje. “Entrenamos la paciencia, que nos falta muchísimo, y reprogramamos el cerebro para entender que no podemos tener recompensas constantes”, explica. La usuaria de TikTok española Alba Romero, que ha seguido este trend, dice que llevaba muchos años acumulando maquillaje. “Al inicio gastaba poco dinero porque empecé utilizando productos de bajo precio, pero luego pasas el umbral de empezar a trabajar y permitirte cosas más caras. Si me apetecía, me metía en Sephora y gastaba unos 120 euros, incluso 200 de golpe”. Para esta madrileña de 28 años, sus compras estaban influenciadas, sobre todo, por las redes sociales. Para Bernardo, el impacto que tienen las comunidades virtuales es claro: “Es un bombardeo continuo. Nuestra forma de comunicarnos y de entendernos pasa por las redes sociales”. De acuerdo con ella, estas aplicaciones refuerzan la comparación constante. “Si no te sumas a la tendencia, la sensación es que te quedas atrás”, argumenta. El contenido de la mexicana Mariana Zérega en redes gira en torno a la biología. Pero, al permanecer tanto tiempo en TikTok, le aparecían vídeos que la impulsaban a comparar maquillaje. “Solo estamos consumiendo y consumiendo, es un poco hipócrita con lo que yo predico”, reflexiona esta ornitóloga de 31 años. Al igual que De los Santos, una mudanza fue el detonante. “Me di cuenta de que tenía cosas para años”, dice.Antes de empezar con el Project Pan, su relación con el consumo estaba también mediada por las redes sociales. Ediciones especiales, colecciones inspiradas en franquicias que le gustaban, lanzamientos diseñados para activar el deseo. En un mes, podía gastar entre 300 y 400 euros en maquillaje, cuidado personal y fragancias.El impacto de los vídeos de maquillaje en personas jóvenes, advierte Bernardo, es “astronómicamente nocivo”. En consulta, observa con frecuencia confusión entre autocuidado y consumo: “Se está intentando construir una autoestima guay desde un punto de partida muy dudoso”. El problema, señala, es que el mensaje está “muy maquillado, muy camuflado”, lo que dificulta identificar el daño: “Te dicen que te tienes que querer tal y como eres, pero con este iluminador, con este pintalabios”.
Project Pan, el reto en redes de no comprar hasta terminar los productos: “Solo estamos consumiendo y consumiendo” | Tecnología
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